Seguimos conociendo las historias de nuestros clientes, por eso en esta ocasión os hablamos de Inmaculada y Juan Carlos, una familia a la que conocemos desde la infancia. Les habían hablado de nosotros, se habían asesorado bien y venían con la solución puesta de serie, pero no acababan de creer que pudiera ser cierto.

Cuando alguien viene de haber tenido vivienda comprada en los años 2.000 es una ventaja para nosotros, puesto que las calidades, los acabados y los servicios de entonces no se parecen en nada a lo que hoy demanda el mercado. Y ellos valoran enormemente la diferencia.

Tenían una idea compleja de resolver: eliminar su gran preocupación del ruido y que consiguiéramos vender su actual vivienda de segunda mano. Lo hemos conseguido en alguna ocasiones, de hecho lo hemos propuesto en muy contadas ocasiones, pero ellos cumplían el requisito raíz, el que lo mueve todo: estaban tremendamente ilusionados con poder conseguir una vivienda en dooko, porque cada cosa que escuchaban de nosotros encajaba con lo que ellos querían.

Valoraron mucho la orientación, la posibilidad de personalizarse acabados, la eficiencia energética y el aislamiento acústico, pero sobre todo que nos adaptáramos financieramente a su momento. Antes de la reserva hicieron algunas visitas, entre ellas la que realizaron con sus hijos (dos chavales jovencitos que ya se repartían los dormitorios), y que fue entrañable.

Para nosotros, entrar dentro de la familia, pensando en la necesidad de cada uno y dando cabida a cada demanda, es un trabajo complejo pero tremendamente satisfactorio. Medir y acotar sus muebles actuales para implementarlos en la nueva vivienda ayudó mucho a valorar con criterio la gran dimensión de las estancias, así que gracias a su determinación, su confianza y nuestra maquinaria de trabajar, lo conseguiremos.

Apreciados Inma y Juan Carlos, gracias, trabajaremos duro.